Pujando por Obama

Hoy publico en “In votes we trust” de La Vanguardia este artículo sobre la cena de gala de los Democrats Abroad en Barcelona. Podéis consultar en artículo en su entrada original aquí.

La noche del martes fue el día elegido para que los demócratas barceloneses organizaran un evento de campaña que prometía ya desde el mismo momento de la inscripción: una cena de gala con subasta de recaudación de fondos a favor de Barack Obama, su candidato a la presidencia. Un restaurante del Eixample, con su toque chic y un menú de inspiración mediterránea, fue el escenario para el evento de catarsis colectiva de los americanos residentes en Barcelona que creen en un cambio posible en la dirección de su país. Y por ende, del mundo.

Barack Obama no apareció, por más que medio centenar de personas disfrutaran de una agradable cena con chapas del candidato demócrata en las solapas de sus camisas y americanas. Hubiera sido el broche perfecto para la cena de gala de la sección en el extranjero del Partido Demócrata, ese brazo asociativo llamado Democrats Abroad que tiene voz y voto en la Convención, como se pudo comprobar el pasado mes de agosto en Denver.

Pero, ¿en qué consiste una cena-subasta de campaña? ¿Por qué unas personas a miles de kilómetros de los Estados Unidos siguen tan de cerca y tan intensamente esta recta final de la campaña? La respuesta la encontramos en el discurso de bienvenida: están embarcados en la última de las etapas de un largo viaje de recuperación de la Casa Blanca.

Pero vayamos por partes. La cena se inscribe dentro de los actos de campaña que tienen por objetivo recaudar fondos, ya que el sistema americano basa la financiación de las campañas en lo que los partidos puedan recaudar. No existe ayuda pública (a no ser que el candidato decida optar por ella y no acuda al sector privado) y el elevado coste logístico y publicitario apremia a los candidatos a buscar financiación. De hecho, los que estamos inscritos a las listas de distribución de los candidatos observamos como a medida que la campaña avanza, cada vez nos sugieren contribuir con más asiduidad.

Las formas de fundraising, como se suele llamar en el sector, son innumerables: desde las donaciones directas (con un tope legal por persona), a la venta de infinitos elementos de merchandising electoral (chapas, tazas, camiseta, pegatinas, carteles para el jardín, pósters…), pasando por las cenas con el candidato o actores que se prestan a buscar fondos para él. O las actividades como la organizada en Barcelona, donde por cuestiones legales solo los ciudadanos norteamericanos pudieron pujar por los objetos donados: desde un libro de Al Gore autografiado a un fin de semana en una masia ampurdanesa, pasando por una baldosa modernista restaurada y un iPod tan sencillo de usar que hasta John McCain lo pondría en marcha (con la ayuda de su esposa y su staff, según los demócratas).

El formato de la cena también nos dejó entrever las grandes diferencias entre nuestro modo de ser y el de los americanos. No solo en cuanto a cultura política, sino de su modo de crear relaciones y comunidad. Antes de atacar la ensalada de pollo con pesto y tomate, cinco voces femeninas fueron el aliento del candidato ausente. Las voces por Obama demostraron la enorme capacidad comunicativa de los americanos, con cinco historias personales que pusieron emoción a la velada. Desde la seguidora de Hillary que siente la necesidad de instalar a Obama en la Avenida Pensilvania, a la republicana conversa que llegó a votar por Bush, pasando por una representante catalana y una joven de Illinois que conoció a Obama en varias ocasiones. Porque más allá del uso indiscriminado de mensajes enlatados de campaña, supieron llegar con su mensaje a los asistentes, aunque en la mayoría ya fueran convencidos.

Las referencias despectivas a McCain y (sobre todo) a Palin, el uso de buenos discursos, humor y un ambiente agradable fueron el broche de la fiesta. Aunque no apareciera Obama. A Biden nadie lo esperaba, sabemos que está preparando el debate con la hockey mum de Alaska. Pero repito, no apareció Obama. Y es que esa es otra de las grandes diferencias con nuestras elecciones, si no tenemos un candidato a quien tocar es como si no lo creyéramos. En cambio en Barcelona, pese a no contar con el senador, su presencia y su mensaje estaban con nosotros más de lo que imaginábamos.

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

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