El poder de la oratoria

Aunque la nuestra no sea una sociedad demasiado dada a los discursos, el hecho de dirigirse al público puede tener efectos insospechados. Digo que no somos una sociedad demasiado dada a los discursos porque en nuestra vida cotidiana no tienen espacio: cuesta encontrar alguien que diga unas palabras en una cena de cumpleaños. No pensemos encontrarlo en una boda, en una inauguración y mucho menos en un funeral. Nos cuesta hacer discursos, no estamos acostumbrados.

No es extraño, pues, que hoy el país no se haya paralizado por el debate de Política General que comienza este 30 de septiembre en el Parlament de Catalunya, el segundo de José Montilla como 128º Presidente de la Generalitat. Tampoco nos debe extrañar que el comentario más escuchado en los hogares españoles cada verano, cuando el Debate sobre el estado de la Nación toma el Congreso, sea “¿y ahora ponen esto?”. No hablamos tampoco de los debates de investidura. O las sesiones semanales en las cámaras.

No nos gustan los discursos. O al menos, no nos gustan estos discursos.

Nuestra historia nos ha dado grandes oradores. Precisamente, tres de los mejores oradores de la historia reciente estaban ayer en el Bages: Jordi Pujol, Miquel Roca y Felipe González. Pero parece que hoy la oratoria no está de moda.

Estoy de acuerdo con Manuel Campo Vidal cuando en su libro afirma que los españoles no saben comunicar: desde pequeños nos han desalentado a mejorar. La escuela y la universidad no son espacios para desarrollar algo tan esencial como la oratoria, las herramientas para expresarse bien en público. Y eso a la larga el país lo nota.

Hago esta reflexión porque ayer algunos analistas atribuían al discurso de Nancy Pelosi, la presidenta demócrata de la Cámara de Representantes norteamericana, la causa de la pérdida de 700 puntos en el Dow Jones y el del crack de 2008.

No creo en absoluto que la presidenta Pelosi haya tenido tal privilegio: el tono duro de su intervención no tiene la culpa de que ayer muchos congresistas (la mayoría republicanos) decidieran poner su escaño por delante de la crisis. Como tampoco se puede atribuir al discurso que el Presidente Bush ha hecho esta mañana el hecho de que el Dow Jones ha abierto con ligeras subidas.

Pero el hecho de que alguien les otorgue tal importancia ya es síntoma de que la oratoria y el poder de un buen discurso son algo a tener en cuenta, y sobre todo, una habilidad que el buen líder debería tener.

Y tú, ¿sabes hablar en público?

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

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